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PRÓLOGO
Rintarou Kanzaki
Rintarou Kanzaki era un chico realmente alto, atlético y
bien parecido, conocido por todos nosotros como “Vampiro”, apodo que se ganó
sin desearlo gracias a que siempre llevaba, debajo del uniforme escolar,
camisetas negras de manga larga, el cabello – negro también - todo alborotado
en su pálida -palidísima- cara, cubriéndole un poco sus guindas –casi rojos- y
algo pequeños ojos. Ciertamente parecía vampiro, no solo en apariencia, sino
también en personalidad. Era difícil hablar con él sin que te respondiera con
monosílabos como “No” o “Sí”. Y aun cuando lo hacía, no parecía con humor de
hablarte, sin importar quien fueras o en qué circunstancias lo encontraras.
Es por esto, que hablarle se convirtió en un reto divertido,
a menudo realizado por los chicos de menores cursos. Muchas bromas han nacido
en torno a Kanzaki, aunque en realidad éstas se encuentran dirigidas a humillar
la manera en que los chicos se comportan con él, no para ofender a Kanzaki en
sí. Ofenderlo nunca, para nada, jamás ocurriría algo así en nuestra escuela. La
presencia de Kanzaki es soberbia y amenazante.
Yo nunca había tenido la oportunidad de acercármele, y es
que nunca lo había intentado. Jamás encontré motivo alguno para ello. Después
de todo, él solo era un compañero más de clases, sin importar lo llamativo que
resultara su físico y su personalidad.
El hecho es que, cuando alguien como él se comporta de una
manera tan misteriosa, los ingenuos chicos alrededor tienden a idealizarlo y
quizás por eso han llegado a pensar tantas cosas tan positivas de él.
Aunque dije que este chico no me interesaba, la verdad no
podía evitar fijarme mucho en él, puesto que no hay mucho más en qué fijarse en
esta escuela. Durante un tiempo aparentemente corto me encontraba a mí mismo
despreocupadamente mirándolo.
Veía que nunca salía al sol, ni en clase de deportes, ni en
el almuerzo y ciertamente eso ayudaba a que su apodo siguiera en pie. Un
maestro nos dijo que es porque su anemia se lo impide, pero ninguno de nosotros
lo ha notado cansado o enfermo en ningún momento.
Al parecer los maestros de gimnasia ya se habían cansado de
decirle, rogarle y hasta implorarle que saliera a hacer los ejercicios,
obteniendo siempre un frio y serio “No pienso hacerlo” de su parte… terminaron
pasándolo, aunque sea con un seis.
A pesar de ser tan intolerante, hay una razón aparente por
la que los maestros son tan permisivos con él. Quizás más allá de su fama, no
lo sé.
Él es alguien muy inteligente porque siempre saca las
mejores calificaciones en los exámenes, pero al no hacer ninguna tarea ni
trabajo escolar, normalmente nunca sube del seis en cuanto a promedio final. El
trazo de su letra es fino y recto, y por alguna razón prefiere escribir en
cursiva. Sé esto porque me siento delante de él, y siempre me pasa su tarea
para que el maestro la revise. Cuando hace esto, yo no volteo a verlo, así que
no sé qué expresión hay en su rostro. Puedo apreciar, sin embargo, el aroma a
menta que emana de su cabello, aunque tampoco parece el tipo de chico que se
preocupa en usar colonia. Probablemente es el aroma de su shampoo. A veces,
cuando está inspirado, utiliza letra gótica para firmar sus trabajos.
Generalmente, esto pasa en clase de historia así que a veces supongo vagamente
que es su materia favorita.
Rintarou Kanzaki es, por mucho, el chico más popular del
colegio, algo que se me hace más un infortunio que una bendición, y estoy
seguro de que él piensa lo mismo, ya que nuestra escuela –la escuela Akatzuki-
es solo para varones. Normalmente podías verlo siendo asechado por chicos que
le hablaban con la firme intención de coquetearle descaradamente, y unos menos
osados se escondían en las esquinas de los corredores para tomarle fotografías
mientras él parecía no darse cuenta. Yo mismo observé esto en varias ocasiones
en el pasado, desde que me encontré en la misma clase que él hace dos años,
pero personalmente sabía de su existencia desde el primer día en que pisé
Akatzuki. Ya que es una presencia absurdamente pesada, si no sabes de Rintarou
Kanzaki, del “Vampiro”, el extraño de la escuela eres tú.
Sin embargo, incluso teniendo este tipo de vibra, este algo
que hacía a los chicos acercársele sin remedio, incluso aunque parecía ser el
chico más perfecto… Yo sabía algo que nadie más parecía saber de este muchacho.
Saberlo me hace sentir un poco de superioridad, así que nunca le compartí mi
conocimiento a nadie. Lo que sabía, lo que nadie había visto era…
Que Rintarou Kanzaki estaba solo.
Más solo de lo que incluso yo mismo podría decir.
Tal vez era yo el único que lo notaba, o tal vez él también
se había dado cuenta pero no quería admitirlo o demostrarlo.
El caso es que…
Contando a los maestros, alumnos, conserjes, enfermeros,
prefectos, consejeros y administradores, la escuela tiene alrededor de 250
personas viviendo en ella, sin embargo, es una verdadera lástima que nunca
viera a Rintarou Kanzaki hablar con nadie. Nunca lo vi hacer muchas cosas.
Nunca hablaba.
Nunca comía.
Nunca se interesaba por nada.
Nunca salía de su pupitre hasta que las clases finalizaban.
Y aun después de ello, jamás lo vi cruzar por otro pasillo que no fuera el que
llevara a su dormitorio.
Siempre sentado ahí, solo en las sombras y escribiendo –o
dibujando- a saber qué en aquella libreta forrada de guinda, con la que crea un
muro a su alrededor.
Muchos lo notamos, pero él finge no darse cuenta de nuestra
existencia.
A veces parece como si se sumergiera en su propio mundo
cuando tiene eso en sus manos, así que me asusta hablarle. Además, siempre creí
que a él yo no le agradaba… Y el sentimiento era mutuo.
No, es decir, por supuesto que en aquel entonces simplemente
parecía que no tenía idea de mi presencia, ya que jamás dedicó una sola de sus
miradas a mí, pero en las pocas veces que nos hemos cruzado, él volteaba su
rostro al lado contrario mío, así que creí que el odio generalizado hacia sus
compañeros era la causa de esto, en parte lo odié por eso.
No digo que me pareciera desagradable en realidad, pero
antes de conocerlo en persona, yo era de la idea de “No me acercaré a ese
idiota para nada”. Quizás “creído” y “ególatra” fueron palabras que surgieron
de mi boca al describirlo en el pasado. Mis injustificados prejuicios sobre él
eran algo exagerados, pero en mi defensa,
tenía verdaderos motivos para andarme con cuidado…
Ya llevo dos años en el internado Akatzuki y, en ese
relativamente corto lapso de tiempo, me había llevado la mala experiencia de
que cinco chicos se me declararan, seis se me insinuaran y diez trataran de
meterme mano en la bodega de mantenimiento, las duchas, la enfermería, aulas
vacías y hasta en la azotea de un edificio… Para bien o para mal, incluso yo
estoy sorprendido de lo popular que puedo ser en un ambiente puramente varonil;
Nunca tuve esa suerte con las chicas. De igual forma, para bien o para mal,
algo que esos chicos no sabían es que sé defenderme bien. Debido a mis
circunstancias en casa, mis habilidades defensivas son extrañamente altas para
alguien tan bajo de estatura como yo y muchos de mis atacantes terminan en la
enfermería o peor, aunque eso no significa que sea homofóbico. No, bueno, nunca
me puse a pensar en ello, así que ¿Quizás lo era?
Como sea, después de eso supongo que es fácil entender el
por qué me iba con tanto cuidado con respecto a elegir mis amistades, de las
cuales, antes de conocer bien a Kanzaki Rintarou, solo podía presumir que tenía
tres: Ren Kagami, Ashita Kou y Akari Yuu.
Tomando en cuenta a las 250 personas que conforman la
escuela, y a las 120 que vienen de visita los fines de semana, creo que es algo
patético y hasta gracioso el número de amigos que tengo en ella, aunque tampoco
tengo ninguno otro fuera de aquí. Y no creo que estos tres tipos se puedan
llamar “Las mejores opciones para socializar”, así que no tengo nada de qué
presumir. Ren, Ashita y Akari son tres tipos con quienes no quisieras hablar,
almorzar o caminar siquiera fuera de clases, Kain Hisae tampoco lo es y es algo
que puedo afirmar sin dudas aun cuando estoy hablando de mí mismo. Pero por
razones que explicaré más adelante, estos son las únicas personas a quienes
podría considerar amigos.
Pero bien, volviendo al Vampiro Kanzaki, el chico de largos
cabellos negros y piel transparentemente pálida, no fue sino hasta el cuatro de
diciembre, hace dos años, a las seis y media de la tarde, que él se me
presento.
No, en realidad nunca hizo falta que dijera su nombre, así
que nunca se me presentó. Simplemente, mientras me encontraba muy tarde en el
aula vacía, en una clase sin alumnos ya que era muy tarde… Solo en esa
instancia, ya que había olvidado mi sudadera ahí. Entonces…
—Hisae Kain. — Dijo una muy poco conocida voz detrás de mí—
.Hisae Kain. — Reiteró sin subir su nivel.
Reconocí esa voz. Era una que siempre decía “No pienso
hacerlo” en clase de gimnasia.
No puedo negar que mi interior saltó un poco por la
sorpresa.
—Hisae Kain. Así te llamas, ¿No?
—Sí. — Respondí mientras volteaba. Un par de pequeñas
franjas rojas que hacían de ojos en una pálida cara me recibieron. Parpadeé
fugazmente y dije: — Perdona, ¿Quién eres tú?—Mientras inclinaba mi cabeza a un
lado.
— ¿Por qué preguntas? Sabes bien quién soy.
Qué molesto y además creído.
—Ah… Rintarou Kanzaki, ¿No?
—Sí. —Señaló un escritorio a su derecha—. El tipo que se
sienta detrás de ti desde hace dos años.
Solté un largo “m” sin ánimos, pero luego de medio minuto él
no dijo nada, así que tuve que seguir con la plática yo:
— ¿Y bien? ¿Necesitabas algo?
—No te habría hablado de no ser así ¿Verdad?
— En realidad me sorprende que sepas mi nombre.
— Somos compañeros desde hace dos años, sería extraño que no
lo supiera.
Pero, yo nunca había hecho nada que llamase la atención.
Sería normal que no lo supiera. Aunque ahora que lo pienso, tengo una fama
detrás de mí. No es tan sorprendente ni favorecedora como la de él, pero es
fama al fin y al cabo.
— Lo que sea ¿Qué
necesitas?— Dije.
—Necesito una hora de tu tiempo. En mi cuarto. — Fue la
respuesta que obtuve.
¿Ah? En más de dos años de ser compañeros de clase Kanzaki
no me había dicho una sola palabra, y ahora que lo hacía de pronto, ¿Me invita
a su cuarto? ¿Es este un tipo de broma?
—No. —Dije naturalmente.
— ¿Por qué?
— ¿Por qué? No suelo ir a cuartos de desconocidos.
Él volvió a señalar el escritorio de su derecha.
—Ya te dije, llevo dos años sentado detrás de ti. Y además
somos compañeros de clases.
—…No. —Repetí sin ganas.
— ¿Por qué?
—Te acabo de decir…
Esta vez fue él quien soltó el largo “m”. ¿Qué demonios?
Hablar con este sujeto es mucho más complicado de lo que podrías imaginarte. Y
es creído como esperaba.
Da igual, simplemente me daré vuelta y me iré.
— ¿Por qué dejas hablando a uno de tus compañeros? Irte a
mitad de una conversación es de muy mal gusto, y además conmigo. ¿Acaso sabes
que nunca debes darme la espalda?
— ¿Eh?
Justo ahora, ¿Dije eso de irme en voz alta?
—…Es que no pienso ir a tu cuarto.
— ¿Si?
—Sí.
—Ya…
Silencio.
Qué ambiente más denso. De todas formas ¿Por qué me estaba
hablando Kanzaki? Ahora que lo pienso, debería estar en shock. Kanzaki es…
Bueno, Kanzaki nunca le habla a nadie. ¿Lo mencioné? Algunos de la escuela no
han siquiera escuchado su voz nunca. ¿Por qué de pronto? ¿Qué clase de inicio
es este? Qué aburrido, si fuera el lector ya me hubiese ido hace tiempo. No
tiene ninguna lógica, de pronto este tipo me habla. ¿Por qué? En un día normal
como otros, en un lugar cualquiera como otros, en una forma nada singular o
especial. Aunque la situación es obviamente única por sí sola.
De cualquier forma. En realidad, el que te hable no se
siente para nada bien… No, de hecho no siento nada. Como pensé, tan solo quiero
irme a mi cuarto ahora. Me pregunto cómo deshacer esta plática. Tampoco es que
haya tenido mucha experiencia hablando con otros de cualquier forma.
—Entonces…— empecé—. Nos vemos.
Pero apenas había levantado el pie derecho un milímetro
cuando él me detuvo.
—Estaba pensando que podrías ayudarme con algo, Hisae Kain.
Gruñí en voz baja.
—No creo…
—Es algo muy sencillo, incluso tú puedes hacerlo, Hisae
Kain.
¿”Incluso yo”? Qué molesto, amigo.
—De momento, deja de decir mi nombre completo. Se siente
raro.
Él parpadeó.
— ¿Es así? Hisae Kain.
Resoplé.
—Como sea. ¿Qué es eso en lo que quieres que te ayude?
Kanzaki me miró detenidamente. Me examinó de arriba abajo y
de lado a lado, quizás pensando en lo que me diría a continuación. Quizás
preguntándose si era digno de escucharlo. O más probablemente pensando que
hablarme no había sido una buena idea después de todo. Quizás no esperaba que
al momento de hablar con alguien, con cualquier persona en esta escuela,
alguien le respondería de la manera en la que yo le estaba respondiendo. Tal
vez esa fue la primera vez que empezó una conversación desde que llegó a la
escuela, por supuesto no tenía manera de comprobar eso, pero de ser así yo
estaba arruinando todo. ¿Cómo se dice? Aguafiestas ¿Tal vez? Aunque por
supuesto, no es como si fuese a moderar mi tono de voz o mi manera golpeada de
hablar solo por tratarse de Kanzaki. Kanzaki es Kanzaki. Y hablar con él no se
siente diferente que hablar con el resto de la clase.
—En realidad, es un asunto que nos concierne a ambos— Su voz
hizo eco en el aula vacía de pronto—. Me gustaría hablarte un momento. Después
de eso, si crees o no en mis palabras dependerá de ti, pero si logras creer en
ellas te diré lo que necesito. Eventualmente entenderás que creerme te será de
gran ayuda, pero debido a que nunca antes he hablado contigo no tengo idea de
tu reacción, así que es probable que no logre convencerte. Sin embargo, luego
los hechos te harán ver que todo lo que te diré a continuación es verdad, pero
esa será la manera más difícil de hacer las cosas. Si sabes lo que te conviene,
me creerás, si no, puedes dejar al tiempo hacer lo suyo.
—… ¿Es…Así?—Por supuesto.
No tenía ni idea de cómo debía responder. Aunque había
entendido lo que me había dicho, el discurso en sí era extraño.
Nuestras miradas distantes, aunque iban dirigidas a nuestros
ojos, hacían sentir pasar el tiempo más lentamente y el ambiente había estado
pesado desde el inicio. Finalmente, Kanzaki cerró los ojos y se sentó en su
banca, pidiéndome con un gesto hacer lo mismo. Obedecí ya que me había cansado
de estar parado, y aquello parecía ir para largo.
—Kain. Verás… ¿Crees en los fantasma?—Dijo.
¿A qué venía eso?
—…Nunca lo había considerado antes. ¿No?
— ¿En sucesos paranormales? Cosas como vampiros y hombres
lobo.
La cosa va de fantasmas a sucesos paranormales a vampiros…
¿Por qué?
—En realidad no. Pero, ¿a qué viene todo esto, Kanzaki?
— Te dije que quería hablar contigo.
— ¿Me detienes para decirme esto?
— Bueno, ¿Qué esperabas?
Ciertamente no una conversación de ese tipo, pero no dije
nada en voz alta y solo encogí los hombros.
— ¿No?— Resopló—. Déjame decirte una cosa, Kain: Lo que te
diré a partir de este punto es algo confidencial. Siéntete agradecido de que te
lo diga, normalmente ningún humano común y corriente se enteraría de esto en
toda su vida; el que tú lo hagas a tus escasos 17 años de edad parece hasta
injusto en cierto punto.
Parpadeé sin decir nada, y Kanzaki continuó:
—Como ves, justo ahora estoy un poco atorado. No sé muy bien
cómo empezar a decir lo que debo decirte.
—Solo escúpelo. Si no, me iré.
—Eso lo sé…— Él se levantó y hablo mientras alzaba las manos
con lentitud—. Kain, ¿Sabías que mi apodo, “el vampiro de Akatzuki”, es más
literal de lo que todos piensan? Me sorprendió cuando lo escuché por primera
vez, pero me sentí aliviado al saber que todos lo decían solo por mi físico. En
realidad, no había sido descubierto. Fue un alivio. No tendría que asesinar a
nadie.
—…
—Verás, creer en cosas como vampiros es una locura para los
humanos comunes y corrientes, pero tú no lo eres, así que me sorprendió
descubrir que tenías una mente tan cerrada. Pero creo que llamar “común y
corriente” a quienes no creen en este tipo de cosas es incorrecto, yo diría
“ignorantes”, dichosamente ignorantes. Cruelmente ignorantes, aún sin saber que
lo son. Porque, ¿Sabes? Esas locuras no son tan locas. De hecho, son reales…
Además, ¿Sabes otra cosa?— Kanzaki fue hasta mí, se inclinó y su rostro quedó a
milímetros del mío. Entonces, sin ninguna expresión en él, soltó la siguiente
frase: — Yo soy uno. Un vampiro, quiero decir.
En este momento, ¿Qué hubiesen hecho ustedes? Al escuchar
tal confesión, de un chico de 16 años quien parecía hablar con total seriedad,
¿Qué hubiesen respondido? Por supuesto, era una conversación sin sentido. Nadie
sabía mucho de Kanzaki, pero seguramente tampoco nadie se esperaría que fuese
este tipo de chico.
—Me voy ahora. — fue lo que dije mientras me ponía de pie.
—Espera.
— ¿Por qué?— Pregunté incómodamente—. Si ya has terminado de
hablar…
—No, todavía no acabo. Siéntate.
Resoplé con hastío. “No quiero”. Kanzaki me miraba sin
absolutamente ninguna expresión en su perfecto rostro, pero quién sabe por qué
sentía que, si me iba en ese momento, algo malo sucedería. Kanzaki no es
alguien que hable mucho, pero sin duda tiene una presencia extremadamente violenta.
Me pregunto si será capaz de llegar a la violencia física. De algún modo creo
que sí. Y… defenderme de alguien como él, en primer lugar preferiría evitar
cualquier pelea innecesaria.
—Lo tengo, quieres que termine de escuchar todo lo que tienes
que decir ¿Verdad?— Dije y volví a sentarme—. Pues bien, de todas formas no
tengo nada mejor que hacer. Mañana es sábado, así que…
—Es cierto. No hay nada mejor que tengas que hacer, después
de todo eres un chico solitario sin vida social ¿O no?
¡Qué molesto! Qué demonios, ¡Qué idiota creído! Ya tuve
suficiente, que termine de decir lo que tenga que decir y me voy.
Kanzaki continuaba clavándome su mirada. Ah, eso se tornaba
cansado.
—Así que… Continúa.
—Lo haré, pero no porque tú me lo hayas dicho…— Suspiró—. No
soy alguien que vaya por ahí diciéndoles sin más a todos su verdadera forma,
Kain. Pero esta es una ocasión especial. Incluso aunque parezca un momento
normal, en un lugar normal, la verdad es que ahora mismo está ocurriendo algo
espectacular.
— ¿Ah, sí?
—Sí. Justo en este momento, yo…— Alzó los brazos a los
lados, de una manera realmente fanfarrona, mientras inclinaba su cabeza a mí
para no perderme de vista ni un solo segundo. Su rostro aún no mostraba ninguna
expresión para nada—. Estoy mostrándome ante ti, Hisae Kain. Un vampiro. Y
además un salvador, justo ahora te diré la manera en cómo salvarte de una
inevitable muerte a cambio de un pequeño favor. Hisae Kain. Si me crees y haces
exactamente lo que digo, te prometo que vivirás una saludable y longeva vida,
no puedo hacer algo con respecto a que será inevitablemente patética, puesto
que estamos hablando de ti. Pero… Será larga, tal vez eso te baste ¿No?
“…Tiene chunibyo”—Pensé en ese momento. Ya saben, el
síndrome de octavo grado, cuando te crees alguien de otro planeta o con poderes
especiales. Algo como creerte un personaje de manga. Él seguramente sufría de
ello.
Al tener tal problema siendo el ídolo de tantas personas, el
único patético aquí eres tú, Kanzaki. Pero no te denunciaré, tampoco es que me
importe tu fama, pero sinceramente creo que nadie me creerá. Es verdad que les
gusto de vista a muchos, pero las personas que han hablado frente a frente
conmigo no vuelven a hacerlo jamás una segunda vez, y los únicos tres que lo
hacen tampoco tienen más amigos además de nosotros mismos, así que si digo que
“Rintarou Kanzaki sufre de Chunibyo”, seguramente solo estos tres idiotas me
creerán.
Así es como es.
Resoplé. “Por ahora…”
—Entonces bien, ¿Qué debo hacer para no morir hoy?
“…Le seguiré el juego hasta que esté satisfecho y me deje en
paz.”
Kanzaki fue… Él fue hasta mí y me tomó por los hombros.
— ¿Eh?
—Muy sencillo, Kain. Oh, pobre humano tonto que aún no cree
en mis palabras.
— ¿Ah?
—Te diré que…— Por primera vez, Kanzaki apartó sus ojos de
mí. En su lugar, miró al lado, en un gesto bastante aburrido—. Yo… Para nada
sufro de Chunibyo.
…
“Escena borrada”
Después de eso, se recargó en uno de mis hombros, mientras
aspiraba lentamente.
—Kain. ¿Te gusto?—Preguntó de la nada.
—… ¿Uh?
— ¿Te gusto?
…¿Eh?
—…Ah… ¿Qué? ¿Estás hablando…De forma romántica?
—Obviamente.
—…
— ¿No?
Mi mente quedó en blanco por eternos segundos que parecían
horas. ¿Por qué dejé de respirar? Las manos de este tipo… Estaban heladas. Me
pregunto si alguien más las ha tocado alguna vez. No parecen humanas para nada…
En cambio, mi cara se sentía extremadamente caliente.
Este sujeto, tan creído y ególatra, me pregunta eso más como
confirmando lo que ya sabe. Tal como lo pensé, es justo como me imaginé que
sería y peor. Tan solo uno más de los élites que hay en la sociedad, que se regodean de los idiotas que
los idolatran sin saber que son tan solo simples y comunes personas normales. ¿Lo
dije antes? ¡No quería acercarme a este tipo a menos que sea absoluta y
completamente necesario! En verdad me enoja, en serio es molesto, trata al
resto de la clase como seres sin existencia. Para él no parece tener
importancia los sentimientos de los demás, y aunque soy igual, no me gusta eso
de mí así que verlo en alguien más resulta fastidioso. Este hombre, este
idiota… Lo odio. Lo odio. ¡Lo odio! ¡Lo odio! ¡Lo odio! ¡Lo odio! ¡Lo odio! ¡Lo
odio! ¡Lo odio! ¡Lo odio! ¡Lo odio más que a nada en el mundo!
…Pero…
—Kanzaki.
— ¿m?
—… No creo que… No creo que exista chico en esta escuela… a
quien no le gustes.
—…— Él calló un momento, sin separarse de mí, pero después
dijo: — ¿Así qué?
—Así que…P-por supuesto… Que yo soy un chico igual al resto
de la escuela. ¿No te basta esa respuesta? Debes ser capaz de leer entre
líneas.
Este es uno de esos casos ¿Sabes? En los que el chico en
cuestión es más idiota que el chico élite en el que se fijó. Aun sabiendo que
Kanzaki es un tipo normal, aun sabiendo que solo los idiotas se fijan en él sin
conocerlo realmente… Incluso aunque es algo que odie… ¿Cómo esperan que no me
fije en alguien como él?
Tan solo soy humano…
…Pero he de aclarar, que “gustar”, es diferente a “querer” y
mucho más a “amar”. Tan solo me gusta su apariencia, no es como si quisiera…
—Entonces ¿Quieres salir conmigo?
…¿Uh? ¿Qué es lo que Kanzaki…? ¿Qué dijo?
— ¿Qué?
— ¿Quieres salir conmigo?
—…
— ¿No?
El que me preguntara eso…
Estoy seguro de que cualquier chico estaría en el séptimo
cielo de la alegría al escuchar aquello. Mira, justo ahora Kanzaki está
pidiéndome salir con él. Es un shock bastante grande. Sin embargo, yo…
…No siento nada especial.
—En realidad, no. — Fue lo que dije al final.
El imaginarme salir con él, besarlo, tomarnos de la mano…
Ciertamente no me molesta, pero… No creo que ese sentimiento llamado “amor” sea
esto, así que no puedo salir con él.
Kanzaki se había quedado completamente en silencio y sin
mover un solo músculo, así que empecé a preguntarme si debía decir algo como
“lo siento”. No es mi primera vez rechazando a alguien, pero además de él, solo
otra persona me había pedido ser su pareja tan amablemente, entonces, no sé si
lo que dije fue hiriente o hasta qué punto lo fue, de haberlo sido.
Justo empezaba a pensar esto, cuando Kanzaki levantó su
rostro. Lo elevó hasta que solo pude ver su barbilla, soltó aire y se irguió.
—Excelente.
—… ¿Uh?
Kanzaki me miró sin rastros de lágrimas o cualquier otra
cosa además de indiferencia en su bello rostro y dijo:
—No hay nada que me una a ti. Te gusto y me gustas, pero no
pretendemos salir, así que ahora mismo puedo contarte todo aunque tenga que
ponerte en peligro momentáneamente. Qué bien, esos segundos que tomaste para
pensar en tu respuesta realmente me angustiaron, Hisae Kain.
Me quedé sentado ahí, con cara de idiota, sin saber qué más
hacer. Este era claramente un shock mil veces más fuerte que cualquier otro que
haya recibido esa tarde. ¿Qué diablos era este tipo?
De repente sentí algo helado que tocaba mi muñeca y tiraba
de mí. Levante la vista. Kanzaki estaba tomando mi mano.
Ya que se había hecho de noche y no habíamos encendido las
luces, sus ojos rojos parecían un par de faroles en aquella inmersa oscuridad.
Qué miedo.
Kanzaki levantó su mano izquierda, porque sujetaba la mía
con la derecha, y con su dedo índice señaló el techo.
—Cuarto piso. Vamos a mi cuarto, para que pueda explicarte
todo mejor.
Parpadeé con recelo pero sin decir nada. Kanzaki resopló.
—Para que puedas creerme necesito de ayuda visual que solo
encontraré en mi habitación. Lo siento, pero si no vienes deberás ir por el
camino más difícil y encontrar pruebas para creerme en los hechos que sufrirás
a continuación.
Aunque dijo eso, no me moví de mi lugar.
— ¿Qué pasa?— Preguntó él—. ¿Acaso desconfías de mí ahora
que sabes “aquello”?— Parpadeó como si no lograra entender algo—. Tienes fama
por fracturar a tus agresores ¿No? “El estruendo rojo” sabe protegerse, así que
si intento propasarme contigo confío en que serás capaz de defenderte por ti
mismo sin problemas ¿Me equivoco?
…Aunque digas eso…
Kanzaki, realmente no tengo deseos de lastimarte, aunque
eres bastante idiota.
Él suspiró y bajó la cabeza.
—Ya veo. Bien, será por las malas entonces. — Soltó mi mano
en ese momento y caminó a la salida, abrió la puerta, pero se detuvo en el
umbral y me dedicó una última mirada—. Acerca de lo que ocurrirá a partir de
ahora, trata de soportarlo hasta que llegue yo para salvarte ¿Bien? Nos vemos.
— Dijo, y salió tan repentinamente como había llegado.
Al encontrarme solo en las penumbras, de pronto mi mente
empezó a procesar algo que antes aparentemente se me había pasado por alto…
Kanzaki había dicho, en algún punto de su atropellado
discurso… ¿“Te gusto y me gustas”?…
Capítulo 1. Fin.
